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NUESTRA VISIÓN DEL PERÚ

LA REFORMA QUE TRAJO EL CRECIMIENTO Y LA PAZ SOCIAL


El Perú de hoy no puede entenderse sin un análisis comprehensivo de sus últimos 25 años de historia, es decir desde que el Fujimorismo llegó al poder a inicios de los noventa y transformó las bases económicas y sociales del país. Hasta 1992, la Constitución de 1979 había cumplido 13 años de vigencia y reflejaba la visión de los partidos políticos tradicionales. Su impacto -unido a los desaciertos- fue muy negativo: la economía del país se redujo con un promedio de decrecimiento anual de -0.3%, el déficit de las empresas estatales alcanzó el 5% del producto bruto interno, y la hiperinflación llegó a alcanzar la tasa mensual de 397% en el mes de Agosto de 1990, llegando a una tasa máxima anual de 7,650 %. La debilidad de la economía contribuyó a que el Estado deviniera en incapaz de proveer servicios públicos a los ciudadanos lo que ocasionó, además, que la pobreza alcance al 55% de los peruanos y la pobreza extrema al 24%. La debilidad del Estado fue tan extrema que fue incapaz de ejercer su función básica, el control del orden y la seguridad, permitiendo que grupos terroristas impongan la violencia y el miedo contra la población.

La Constitución de 1993 y las reformas hechas a su amparo fueron el punto de partida de la transformación del país. Es evidente que su modelo ha producido efectos positivos. En los últimos 15 años, hemos vivido pues, una época de bonanza económica sobre las bases de la Constitución de 1993 y una situación externa que nos ha resultado muy beneficiosa. Sin embargo, la acción deficiente del Estado ha producido un desarrollo claramente desigual en los diferentes sectores de la sociedad peruana. Por un lado, han tenido un desarrollo espectacular los sectores como la banca, finanza, comercio, turismo, la agricultura moderna costeña y la pesca industrial, mientras que por el otro lado, los sectores económicos populares emergentes como la agricultura tradicional, la pesca artesanal, el comercio y la minería informal no han tenido las condiciones propicias para un desarrollo dinámico.

Esta desigualdad de trato también se ha visto reflejada en la ausencia de servicios básicos, en las debilidades que enfrenta la seguridad ciudadana, en la deficiencia del sistema de control e inoperancia de la administración de justicia, lo que está generando diversos problemas de gobernabilidad en el país. 

¿Cómo puede sostenerse que el modelo es un éxito si la pobreza multi-dimensional, es decir la que se mide en base al acceso a servicios de educación, salud o agua y saneamiento, no tuvo grandes avances?

El Estado es incapaz de rendir cuentas y responder a las necesidades de servicios básicos de la población. La inequidad en el acceso a servicios es la evidencia más grande de las brechas generadas entre los peruanos. No solamente 15% de la población escolar no termina primaria ni 30% secundaria. Estas cifras son más graves aun en el caso de los pobres extremos y pobres rurales donde la no conclusión alcanza al 40% y 60% respectivamente. Similar situación se presenta en la desigualdad de aprendizajes al comparar los resultados de las escuelas urbanas y rurales. En el 2014 la desigualdad de aprendizaje alcanzo 16 puntos en matemáticas y 33 en comprensión lectora. El ocupar uno de los últimos lugares en la prueba PISA confirma que la calidad de la enseñanza es muy pobre. Un reporte del Banco Mundial explica como los programas públicos de capacitación técnica, que representan el 30 por ciento de la formación, invierten muy poco en equipos y a menudo no dotan a los estudiantes con las habilidades requeridas en el mercado laboral. Aún más la brecha de ingresos es de preocupación, mientras el hombre alcanza un nivel anual de INB per cápita de US$13,607 (PPA), la mujer solo llega a US$8,942 (PPA). 

 

En materia de salud existen también déficit en la calidad de los servicios prestados y brechas que generan grandes inequidades de acceso entre los peruanos. Casi 3 millones de viviendas y sus familias no tienen acceso a agua potable ni saneamiento. Esta brecha muestra además una inequidad en el acceso cuando se compara el déficit urbano del 10.5 %, con el rural que alcanza al 60.4 %.

De otro lado, la inseguridad y violencia han crecido a tal punto, que han llegado a convertirse en el principal problema para la mayoría de peruanos. Y son los distritos más pobres los más afectados, pues los distritos que tienen recursos pueden proveer mayor seguridad con sus serenazgos. Por otro lado, las instituciones policiales y judiciales no han podido controlar la delincuencia y el narcotráfico, debido a una mezcla de debilidad organizacional, corrupción interna y falta de decisión política.

La alta conflictividad social ha sido capaz de detener el inicio de importantes proyectos mineros de nuestro país, esto demuestra el descontento de las comunidades respecto de la manera en que los recursos naturales son explotados y cómo son distribuidas las rentas. Hoy esta distribución empieza a ser severamente cuestionada por los ciudadanos, por la falta de gestión, por la corrupción y la indiferencia de un Estado que no ha transformado estos presupuestos en beneficios para la población. Aún no sienten que hay una distribución justa ni equitativa.

La Reforma Institucional Pendiente

El modelo de desarrollo forjado en los noventa y empleado en los últimos 25 años requiere pues de muchos ajustes. La mayor evidencia de ello es el mayoritario descontento que hoy muestra la población, a pesar de estar en un país que creció en los últimos 10 años a una de las tasas más altas de la región. En nuestro análisis del país, creemos que el descontento y la falta de cohesión social son producto de cuatro factores:

I. La ausencia de Instituciones Eficientes que cumplan con sus objetivos estratégicos y logren los impactos de desarrollo sostenible al menor costo en tiempo, en recursos financieros y no financieros.

II. La ausencia de Instituciones Inclusivas que son las que deberían sentar las bases de un Estado para todos los peruanos.

III. La carencia de Instituciones que Rindan Cuenta y Respondan a las necesidades de los ciudadanos, y que deberían ser la base de un Estado capaz de prestar servicios de calidad.

IV. La ausencia de Instituciones Abiertas que deberían ser la base de un Estado que toma decisiones transparentemente, con equidad y sin privilegios particulares.

El descontento de nuestros compatriotas no es porque los peruanos seamos ingratos sino porque el Estado no consolidó instituciones que generen oportunidades para todos, convirtiéndose en un Estado cerrado y excluyente, dejando fuera la posibilidad que muchos compatriotas puedan integrarse a la economía de mercado y llevar sus ideas y necesidades a través de su participación en la política.

El Impacto de la Ausencia de Instituciones

Las comunidades campesinas, los mineros informales, los pescadores artesanales, y en general todos los emprendedores que no encuentran espacio para desarrollar sus proyectos no se encuentran en contra del progreso, como algunos se han atrevido a sostener, sino que no han encontrado mecanismos para que sus intereses sean realmente representados en las decisiones de política pública. Todos ellos no son sino los mismos peruanos que han visto un Estado que se ha ido alejando de ellos, que se ha dedicado a promover ciertos sectores empresariales con el argumento de que solo las grandes inversiones traen el crecimiento al país. Si bien dichos sectores traen inversión y crecimiento, y en algunos casos muy encomiables, traen además innovación, productividad y empleo de calidad, el modelo no ha logrado garantizar la equidad perseguida con el fin de que el crecimiento beneficiara también a todos aquellos que se sienten excluidos.

La falta de instituciones eficientes genera un desperdicio de recursos públicos que va por dos lados. En primer lugar, lo que se gasta o invierte no logra alcanzar los objetivos planteados. En segundo lugar, se deja de ejecutar parte de los fondos disponibles por la poca capacidad de identificar y gerenciar los proyectos que permitirían solucionar los problemas principales del país. 

La falta de instituciones inclusivas generan tensiones entre los sectores más modernos de nuestra economía y sectores de la población que no han podido recibir las ventajas de incorporarse a la economía de mercado. Fuerza Popular entiende que el Perú tiene diversas realidades, y que si bien en buena parte del país los conceptos de economía de mercado y su correlato de la maximización de los intereses individuales a través de la competencia pueden ser plenamente aceptadas, existe un Perú donde el bienestar de la comunidad es tan importante como el de cada individuo. Muchas comunidades campesinas mantienen una organización basada en la pequeña parcela familiar pero su cohesión social se basa en mecanismos de reciprocidad y trabajo en común ancestrales. No hay que ver en ellos una negación del mercado sino una manera propia y comunitaria de organizarse internamente que no contradice la posibilidad de que se integren a los mercados. Pero esta visión comunitaria hace también que su entorno y medio ambiente sean fundamentales para la existencia de su modelo social. Por ello en muchos casos las comunidades se enfrentan a los intentos de diferenciar la comunidad de su entorno, de sus recursos naturales y consideran que los bienes de su comunidad deben protegerse, que el medio ambiente en el que han vivido por siglos debe cuidarse. Esta falta de entendimiento de ese Perú ancestral, ha sido una de las causas del desencuentro entre los que creen en la inversión privada y su importancia para el crecimiento y desarrollo del país, y quienes creen que siendo ello importante, más aún lo es cuidar sus entornos de vida. Fuerza Popular cree en la importancia y validez de ambas perspectivas. Conciliar estas dos visiones mediante instituciones inclusivas es parte de la nueva propuesta de gobierno que traemos.

La falta de instituciones que rindan cuenta y respondan a las necesidades de los ciudadanos es la que impide que la reducción de la pobreza multidimensional haya sido un objetivo y resultado importante de las políticas estatales, en los últimos 15 años, manteniendo las inequidades en el acceso a servicios de educación, salud, agua y saneamiento entre los peruanos. También es la que causa que muchos sectores de emprendedores perciban al estado y sus regulaciones como el gran obstáculo para desarrollar sus proyectos y beneficiarse del crecimiento del país.

Finalmente, la ausencia de Instituciones Abiertas hace que muchos compatriotas no confíen en el Estado ni puedan cumplir sus regulaciones y mandatos, como es el caso del desencuentro existente entre muchos nuevos emprendedores y el Estado, desencuentro que propicia la informalidad económica. Muchos sectores de emprendedores consideran que el Estado responde principalmente a ciertos intereses.

Pero este fenómeno no es otra cosa más que un mercantilismo cada vez más sofisticado, donde el Estado, ha claudicado de sus funciones regulatorias para proteger a los consumidores o sobre regulando segmentos de la economía que se ven forjados a cobijarse en la informalidad. Por ello, los objetivos de Estado de garantizar la libertad individual, la libre competencia y la igualdad ante la ley no cuentan con
mecanismos que los hagan reales y efectivos.

Cómo construir Instituciones

Creemos que la sociedad y sus leyes deben premiar a los que se esfuerzan. Por ello la libertad individual y la económica solo serán efectivas si garantizan que los peruanos podamos apropiarnos de nuestro propio esfuerzo, de nuestro trabajo y emprendimientos y así prosperar. Las instituciones deben fijar los incentivos para que estos impactos se produzcan. Pero sabemos también que el ejercicio de estas libertades generan desigualdades económicas, donde unos obtienen más ganancias y recursos que otros, donde unos logran acumular más riqueza que otros. Las buenas instituciones garantizan que los que obtienen más riqueza y prosperan sean la mayoría, y no solo ciertas minorías, como lamentablemente es el caso del Perú.

Para que nuestra sociedad logre estabilidad necesitamos instituciones que lleven prosperidad a todos los peruanos. El modelo de desarrollo del país será aceptado y nuestro país tendrá cohesión social solo si la riqueza y prosperidad que llega a los que más se esfuerzan, alcanza y lleva también beneficios a los que menos tienen. No hay injusticia en que unos tengan más que otros siempre que la situación de los que tienen menos también mejore.

Para que las desigualdades producto del esfuerzo personal sean aceptadas socialmente, todos los peruanos tenemos que estar convencidos que el sistema económico y político nos da a todos las mismas oportunidades de competir con igualdad de condiciones, innovar, emprender y apropiarnos del producto de nuestro esfuerzo en favor de nuestra prosperidad y la de nuestras familias. Para ello se requiere de instituciones que respondan a los intereses, preocupaciones y necesidades de todos los grupos sociales; y que sean definidas transparentemente sobre la base de la competencia de intereses, privilegiando a aquellos que traen más beneficio a la sociedad en su conjunto.

Nuestra propuesta de gobierno reconoce que las condiciones para competir, iniciar emprendimientos, obtener empleos no son iguales para todas las familias peruanas. Sin instituciones que garanticen la educación, salud y nutrición de calidad, los jóvenes de menores recursos no pueden competir en la búsqueda de empleo con los más favorecidos. Sin instituciones que adapten las necesidades regulatorias a las características económicas y sociales de los emprendimientos los nuevos emprendedores no podrán competir en igualdad de condiciones contras las empresas consolidadas ni integrarse a los mercados. Por ello, Fuerza Popular trajo con su nacimiento el concepto de Oportunidades para Todos, porque el Estado tiene el rol de "igualar la cancha" para que todos los peruanos podamos competir con una base mínima de igualdad de condiciones.

La visión que hemos recogido de todos los peruanos, busca un país seguro donde todos vivimos en armonía entre nosotros, con nuestras comunidades y el medio ambiente; con crecimiento económico que beneficie a todos los peruanos, que premia su esfuerzo y que busca hacer realidad sus sueños de prosperidad.